Cuando me desperté ella seguía durmiendo. Me levanté, me vestí y salí de ahí. No quise despertarla ni dejarle una nota ni nada. Nunca fui muy romántico y menos lo seria en ese momento, si prácticamente no la conocía. Lo único que sabia de ella era lo que lograba entender de cortos y escasos flash de la noche anterior. Me daba risa, como tanto, ni siquiera iba a salir ayer y hoy amanezco en pelota durmiendo al lado de una mina desconocida en un lugar también desconocido. Al menos la mina se veía piola y el departamento en un buen barrio, por deducción había tenido suerte. Ojala me dure esa suerte. La cague con lanzarme así nomás. Siempre tengo condones, pero nunca los saco de la casa, desde que me dijeron que se echaban a perder dentro de la billetera nunca los ando trayendo. Ojala la suerte me dure y no se me caiga a pedazos ni me llamen después con susto por un maldito atraso.
Me empieza a doler la cabeza. Ya no tengo tanta suerte. Me afirmo de un árbol y vomito. Pura bilis, me siento como el forro, camino hasta la esquina y espero un colectivo.
Me empieza a doler la cabeza. Ya no tengo tanta suerte. Me afirmo de un árbol y vomito. Pura bilis, me siento como el forro, camino hasta la esquina y espero un colectivo.
Guillermo Zurita Soto.
( 14 / 07 / 07 )
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