miércoles, septiembre 26, 2007

No había cámaras




No había cámaras, por el espejo de la esquina no veo a nadie mirándome. Con el cierre de la chaqueta abierta me apago al la repisa, saco una botella y leo su etiqueta. Ron, hecho y destilado en los mejores campos de Venezuela, embotellado en argentina bajo licencia de… bla bla bla, miro nuevamente de reojo al espejo. Nadie. Rápido guardo la botella y la meto por una rajadura que tengo en el forro de la chaqueta. Vuelvo a tomar otra botella, nadie en el espejo, leo wiskey escoses de 12 años… bla bla bla. En el otro lado de la chaqueta dentro también del forro. Meto las manos en los bolsillos y camino hacia la caja. El vendedor mira en la televisión una de las galas de rojo. Aparece en estos momentos ese pesado del Rafa gritándole a viejas y pendejos que aplaudan por las canciones mamonas que cantaron todos juntos con esos bailes patéticamente saltarines y siúticos que hacen alrededor de pseudos artistas de camisas apretadas y pelos engominados. Pido unos Belmont light de 20 cajetilla blanda, me mira con cara de aburrido y se levanta su culo para sacar los cigarros. – 900 pesos ¿algo mas?- Mientras saco mi mano del bolsillo para sacar la luca que tengo en la billetera siento que algo se mueve pegado a mi cuerpo, a la altura de mis costillas, cayendo y apretado contra mi cintura, frena un poco y sigue. La siento en mi muslo hasta llegar al bolsillo, ya no la siento y la vuelvo a sentir en el borde de mi pie derecho, seguido de un ruido estruendoso, de vidrios quebrándose. Nunca había sentido que el ruido de una botella al caer fuese tan fuerte y molesto, casi doloroso, doy un paso atrás y me llevo mi mano derecha al lado izquierdo de mi pecho, por dentro de la chaqueta y sostengo la otra botella, la que aun sostengo por debajo con la mano izquierda, la de Ron. – que estay robando pendejo culiao- junto al grito veo al tipo lanzarse hacia delante por sobre el mesón tratando de agarrar mi chaqueta, paro no me alcanza y queda estirado sobre el mesón con el brazo también estirado. Instintivamente, con mi mano derecha, la que sujetaba el Ron por el cuello, saco la botella y la reviento en la cabeza del vendedor. Esta explosión fue aun más fuerte, pero fue diferente, esta no me molestó como la anterior, esta me puso helado, rígido, asustado como nunca antes lo había estado. Suelto el cuello de la botella y cae al suelo y se quiebra. Sus pedazos se confunden con los del resto de la botella y con los restos de la de wiskey también. Miro los pedazos de vidrio y veo como el color de los licores se mezclan en el suelo. En el preciso instante en que cae una bota de sangre que salpica mis zapatillas. Gota que se casi inmediatamente seguida por un pequeño hilo de sangre que también se mezcla con los licores. No quiero levantar la cabeza y ver lo que estoy seguro voy a ver, y lo veo. Una mancha roja, del rojo mas fuerte y puro que he visto en mi vida, rojo con burbujas de aire parece lava brotando desde su cabeza. El pelo, también teñido de sangre esta pegado, aplastado sobre el cuero cabelludo que se abre sobre su nuca dejado ver un interior más rojo aun. Ahora un hilo de sangre cae también desde la punta de su nariz, el primero lo hacia desde un mechón de pelo que colgaba desde su frente. Caigo sentado hacia atrás apoyado, mejor dicho me desplomo y boto una pequeña repisa casi vacía de papas fritas, y ramitas. 10 segundo, 30 segundos, dos minutos y sigo ahí. Nada escucho, y nada veo tampoco. No hay cámaras. Me levanto rápidamente y salgo, llevo 10 metros corridos y nadie aparece y me detengo. Vuelvo, salto el mesón, abro la caja y saco todos los billetes que pilo, me doy media vuelta y me lleno una bolsa con cigarros, vuelvo a saltar el mesón, repongo la de ron y la de escocés que rompí y empiezo a caminar. Salgo, y llego a la esquina, una cuadra, dos cuadras, cinco cuadras, y nadie. Nada escucho, y nada veo tampoco. Ojala se despierte, no creo, pero ojala se despierte
Guillermo A. Zurita Soto
( 26-09-07)

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