miércoles, octubre 17, 2007

Me desperté y la puta se había ido. No se en que momento se fue, no recuerdo mucho de anoche. Apenas recuerdo hasta que nos vinimos y no empezamos a empelotar. La pille en la esquina del barucho que a menudo frecuento cuando me pasan estas cosas. Si recuerdo con claridad lo que pasó antes del bar. Iba ella caminando con su nuevo pololo, un troglodita nórdico, un mastodonte de casi dos metros y brazos más anchos que mis dos piernas juntas, con su carita de niño lindo y de yerno ideal, chalequito amarrado atravesándole del hombro hasta abajo de la axila. Ni dejo que me acercara… si sólo la quería saludar. Lo intenté un par de veces, después de eso sentí el primer empujón, me paré y fui de nuevo. Me pegó tan fuerte que casi me revienta el ojo izquierdo. Ella no hizo ni dijo nada y se fueron de la mano.
Me quedé mirando como imbécil un largo rato después que se perdieron en la esquina. La gente pasaba por mi lado. Me erguí, saqué mis gafas de la mochila y me puse a caminar. Orgullo nunca me ha faltado. Ahí me fui al bar. Siempre que me pillaba con ella terminaba en ese bar. Don José ya sabía de mis penas de amor; él era como una especie de cupido del bajo mundo, siempre me daba unos consejos que creo que sirvieron como hasta mediados del siglo pasado. Rodeado de la peor calaña de esta decadente ciudad, siempre mantenía sus principios moralistas y anticuados que ya pasaban de lo pintorescos a lo penosamente ridículo. Pero igual le había agarrado cariño al viejo. Por hueon que fuese, su intención era buena. En esa barra los copetes corrían más que las palabras. Un par de palabras con sus amigos y empezaban a invitarme a rondas de cortitos de pisco o su caña de tinto con añejo. Muchas veces terminé durmiendo en alguno de los sillones que tenía tirado al fondo, junto al teléfono que me tragó más de tres lucas una noche. En ese bar podía desquitarme de toda la mierda que traía de afuera, era mejor que dormir y soñar cosas lindas, ahí tiraba pa afuera todo, les contaba mis historias, les leía mis cuentos y poesías, cantábamos tangos y cuecas. Hasta un par de veces termine llorando a moco tendido abrazado de alguno de los viejos que me acompañaba en mi llanto.
Pero esa noche no termine tirado en el sillón, apenas me mantenía en pie pero digno camine para mi casa. Y en la esquina me pille con esa puta. La vi muchas veces, algunas veces compartimos un cigarro, otras veces me trato de pegar por tratar de propasarme, pero siempre me daba un beso de buenas noches. Esta vez fue diferente. Vio mi ojo y dijo que me lo curaría, que tenia sangre seca sobre las mejillas; viejos de mierda, no me dijeron nada y yo pensaba que pensé que pasaba piola. Pasamos a compra un petaca de pisco y una chela. La chela pal camino y la de pisco la abrimos en el departamento, desde la botella. Trató de limpiarme el ojo, pero aún me dolía, me empezó a dar besos en el cuello y me lancé. En eso, paró. “Tenemos que llegar a un precio” dijo. A la mierda, “Por lo menos págame los copetes”. Llegamos a un acuerdo de tres lucas por todo, le dije que las sacara de una torre de cds que tenía en el cajón de la ropa sucia. Y nos empezamos a empelotar… caí en una cama y hasta acá llega lo que recuerdo. Hay un par de condones tirados en el piso y el cajón de la ropa sucia abierta. Pa ordenar recojo los condones del suelo, y están limpios. Puta de mierda, ahora si que me cagó.
Guillermo A. Zurita Soto
(16, tirando pa 17/ 10 /2007)

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